
La semana pasada un joven senegalés nos dio una bonita lección en Dénia. Caminando por la calle un día normal de trabajo como vendedor ambulante, Gorgui Lamine Sow vio humo y llamas en un piso, así que con ayuda de los vecinos decidió trepar por la fachada de la finca, entrar al piso y cargar a sus espaldas a Alex, un hombre de 39 años incapacitado físicamente para defenderse del humo y del fuego.
Gorgui dice que lo hizo con el corazón, es decir que no pensó si se iba a quemar también, no echó un repaso visual a cada uno de los ayudantes para ver quién le estaba quitando el trabajo ni preguntó si el que se estaba quemando adentro era del poble o foraster.
Tampoco esperó a que le sacaran fotos o hacerse un selfie para colgar luego en Facebook su hazaña. Se conformó con lavarse las manos y salir a toda prisa para no perder el autobús que lo llevaría a él y a su familia de regreso a casa.
Él, que no tiene papeles, que vive con su compañera y la hija de los dos en condiciones precarias, que salió de su país porque ahí no se podía estar, que ha viajado por otros lugares como Ecuador, Brasil y Argentina antes de establecerse en España hace tres años, salvó la vida de un desconocido porque no le gusta ver a la gente sufrir.
