Llegó el final. Triste, aún cuando deseable. El proyecto de la pareja terminó y entre disgustos, tristezas y cansancios, hay que emprender el cambio.
Pronto empezará una nueva vida. Al principio parece imposible atravesar el camino que se avecina. La sensación es incómoda, dolorosa y algunas veces al duelo se suman dificultades añadidas según las condiciones individuales, las características de la pareja y los motivos de la separación.
Porque aparte de las variables emocionales, otros factores influyen en la gestión de una separación de pareja.
Aunque nada debería impedir una ruptura inevitable, no es lo mismo, por ejemplo, separarse cuando hay hijos que cuando no los hay. Tampoco cuando las condiciones económicas permiten o no una movilidad fluida, ni cuando existe o no un entorno social de apoyo.
Una de las situaciones relevantes en los procesos de separación es la comunicación de la ruptura a los entornos relacionados con la pareja. El apoyo o la condena facilitan o complican el proceso y habrá que armarse de valor para afrontar las diferentes reacciones ya que, en ocasiones, las separaciones de pareja levantan polvo en las dinámicas familiares y sociales. Y eso es lo que faltaba…
¿Cómo se lo digo a la Familia?
Es uno de los aspectos que motivan a buscar apoyo emocional, cuando dar la noticia de la separación a la familia causa angustia e incluso miedo.
Porque existen familias que ponen todas sus expectativas en la vida íntima de las personas. Puede suceder entonces que las vidas afectivas de sus miembros se conviertan en pilares de apoyo y por tanto que las rupturas desestabilicen la organización del sistema de una manera exagerada.
Tanto es así que algunas parejas deciden no pasar por este trance. Prefieren, en cambio, mantenerse unidas aún con la consciencia de que su relación se ha agotado. Todo con tal de mantener el equilibrio, de no fallar a nadie, de no afrontar desagradables conflictos.
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