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Uno de estos días, en un valiente intento de organizar el caos de mi oficina en casa, cayó en mis manos un sobre amarillo que llevaba mi nombre. Contenía un CD que no decía nada, así que llena de curiosidad me puse en ello y lo inserté en mi ordenador. Qué sorpresa sentí al escuchar una melodía colombiana y qué desconcierto pues no tenía ni idea de qué se trataba este regalo, gracias al cual me “salvaba” de seguir organizando mi oficina.

Cuando acabó la melodía, una voz anunciaba la entrevista que se transmitiría a continuación en un programa de “Radio Luz – Valencia”. Ahora sé que la voz era del Psicólogo Enrique Tébar y que la persona invitada era yo, María Clara Ruiz, también Psicóloga. El título de la entrevista: El Fenómeno de la Inmigración y el Síndrome de Ulises

Originalmente esta audición es del 2007, pero la encontré re-emitida 9 años más tarde en el programa La Luna Sale a Tiempo, de la emisora Ràdio Klara. Puedes escucharla aquí:

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El Fenómeno de la Inmigración y el Síndrome de Ulises – Entrevista 2008 – Radio Luz (Valencia)

El título me sorprendió. Seguro que no lo elegí yo. Lo del Síndrome de Ulises sí me identifica, pero lo del “fenómeno” de la inmigración no. Para mi la inmigración sólo es una experiencia de vital importancia y una oportunidad de evolución personal y social.  Pero bien, supongo que alguna razón habría para poner ese nombre a la agradable conversación que prosiguió. 

Escuchando, poco a poco me han llegado recuerdos de ese día. Era una primavera del 2007, cuando vivía en el barrio del Carmen (Valencia) en un momento de grandes transformaciones personales y de afirmación de mi proyecto profesional, ese que me trajo a España, que ha sido mi faro y mi motivo y del que ahora disfruto cada día. 

La entrevista empezaba hablando de mi, no como psicóloga sino como inmigrante y mis pericias para normalizar mi situación en España. De cómo imaginaba –o mejor, cómo no podía ni imaginar– lo que era España antes de emigrar. De cómo cuando llegué entendía poco o nada, aunque aparentemente hablábamos el mismo idioma, de mis percepciones sobre las diferencias culturales y de mi primera reacción al obtener el permiso de residencia: viajar a Colombia.

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Imagen: https://mariaclararuiz.com

Debilidad… no gusta esa palabra. No suele ser la manera preferida de presentamos, al menos al principio. Imagínate que conoces a un chico o a una chica y en la primera cita te pregunta: 

¿Y tú… cómo eres?… 

A lo que tú respondes: 

Soy débil

Sería divertido ver los gestos de sorpresa de tu nuevo/a amigo/a. Porque lo más usual en esos momentos es sacar a relucir y hasta a aumentar las mejores cualidades. Y se supone que hay que ser exactamente lo contrario a la debilidad, es decir, la viva imagen de la solidez, de la decisión y la asertividad… de la fuerza. 

Pero cuando alguien llega a mi consulta de Psicoterapia en Denia y escucho ese… «es que soy débil», mientras yo solo veo un cuerpo atrapado en sus defensas, me pregunto qué entiende esa persona por debilidad.

De entrada supongo que no le falta razón. Mejor ir por la vida con todos los recursos en marcha. Mejor tener energía para comerse el mundo. Eso es lo natural. 

Pero si un día te levantas con esa flojera que de vez en cuando sientes, o pasas una temporada de duelo, confusión, oscuridad o lentitud… ¿eso también te convierte en una persona débil?… 

No lo sabemos, aún. Pero sí sabemos que hay, por ejemplo, depresiones o estados crónicos de ansiedad que nunca debieron enquistarse, simplemente porque se originaron en un momento dado y por un motivo puntual, pero que fueron tratados como graves afecciones en la salud mental.

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donde-están-mis-sentimientos
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Esta apatía… este no sentir nada, ni tristeza, ni alegría, ni sosiego, ni ansiedad. Este sinsentido en la cárcel de una vida que pasa entre relojes casi inmóviles. 

Gestos preocupados me reclaman la vitalidad de otros tiempos. Las risas que llenaban los silencios y aplacaban los enfados. Antes todo iba sobre ruedas. Algo pasó, ya no me acuerdo. Sólo el grito de terror ante una noticia que no alcancé a asimilar del todo. 

Voy a un grupo de autoapoyo, de esos para gente en duelo. A mi, más que personas me parecen más bien restos de uno que otro descolgado de la vida. Voy, pero no estoy. Voy para que me dejen en paz. 

Siento envidia de aquellos que llegan puntualmente, llenos de sueños para contar y lágrimas para llorar. Yo sólo tengo pesadillas y memoria no me sobra. Sólo recuerdo el grito de estas noches, despertándome con un sobresalto aterrador. Mi ojos secos, rojos, paralizados.

Se fue. Me dejó. Y no se despidió. ¿Acaso importa?… ¿Acaso importo?

La soledad me hiela desde siempre. No recuerdo un momento de mi vida en que alguien se haya tomado algo de tiempo para abrigarme el alma con abrazos creados sólo para mi. Pero ya te digo, de memoria no voy bien. 

Se fue sin despedirse. Si hubiera podido, hubiera dicho adiós. Era tan detallista, inteligente, elegante… tan amable… tan todo lo que yo no soy. 

Siento rabia y la apago. Siento pena y la asfixio. Siento nada y me muero ¿Cómo sentir? ¡No tengo derecho! Es verdad que soñé con su muerte muchas veces. Me ahogaba su existencia por momentos… ¿La maté? 

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Arte De No Saber
Arte De No Saber
Imagen de Jill Wellington

Con un click ya creemos conocer la causa de todas las dolencias, lo que hay que hacer para no estar tristes o cuáles son las mejores actividades para no aburrirnos si los planes nos fallaron.

Primero la duda, de inmediato el click y luego las cien mil respuestas que aparecen en segundos. Parece suficiente, pero en cambio vienen más preguntas y si uno se descuida puede acabar en un bucle tan absurdo como pasarse la noche preguntando en internet…  ¿Por qué no puedo dormir?  sin dase cuenta de que la respuesta viene ya incluida en la pregunta. 

Pero no vamos a demonizar ahora a internet. Y mucho menos yo, que agradezco la gran oportunidad que me brinda al conseguir llegar a tu pantalla con estas palabras.

Tenemos más recursos para un constante acceso a la información. Consumimos libros, películas, cursos, revistas y más cursos, más libros y más películas y más revistas… Nada es malo, todo aporta… pero por algún motivo seguimos sintiendo una especie de vacío y ansiedad en la misma proporción que la voracidad con la que consumimos contenidos. 

Parece entonces que entre más sabemos, menos entendemos… o algo así… 

Tal vez el embotamiento a causa del exceso de información esté acabando con nuestra cordura. Porque llega un momento en que hasta la propia sensación desaparece. Y la intuición ni se diga. 

Nos hemos alejado tanto de nuestra naturaleza… porque como seres humanos que pretendemos ser, tenemos una necesidad orgánica, natural, de saber y conocer el mundo que nos afecta y al que afectamos. Pero el saber también implica un proceso, una curiosidad, una investigación, un tiempo, un descubrimiento y antes de todo eso una aceptación: La de No Saber.

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teletrabajo-y-salud-mental
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Imagen de Peter Olexa

Aunque falta mucho por aprender, empezamos a ver las consecuencias psicológicas individuales, familiares y sociales del cambio en la forma de trabajar.

Se veía venir. Una tendencia a aprovechar la tecnología en función de la productividad, nos ha puesto en otro lugar en el mundo laboral y esta tendencia se ha consumado ultimamente, cuando sin apenas darnos cuenta acabamos confinados/as en nuestras casas debido a las medidas para detener la pandemia que nos cambió los planes.

Los que sabíamos y los que no, perfeccionamos nuestros conocimientos y nos hicimos expertos del ZOOM, Skype, WhatsApp y demás recursos de comunicación online. Era nuestra salvación, nuestra ventana al mundo, al que pudimos acceder aunque fuera a través de una pantalla.

Aún no estamos del otro lado, pero en algunos países ya hemos podido salir por ahí a encontrarnos con algún amigo o amiga, ver a la familia o acercarnos a la oficina… eso quienes por suerte podemos contar que el trabajo aún existe.

De todas formas mujeres y hombres de todo el mundo siguen teletrabajando, ya que a las empresas les quedó gustando la idea y al parecer esta alternativa vino para quedarse.

Tal vez aún no somos conscientes de lo que esto va a suponer en nuestra salud mental, pero ya empezamos a disfrutar o a sufrir sus consecuencias.

Por mi parte las cosas no han cambiado demasiado. Como psicóloga disfruto del teletrabajo en las sesiones de Apoyo Online, que vengo realizando desde hace años con personas que no pueden acudir directamente a mi consulta de Psicoterapia en Denia, casi siempre por motivos de distancia. Y también me tiene enamorada el programa enREDad@s – Grupos de Apoyo Emocional Online.

Pero si de amores se trata, tenemos que hablar de la Psicoterapia Breve Caracteroanalítica y de la Psicoterapia Profunda (Vegetoterapia) que implican, además de la presencia energética, la presencia física tanto mía como de mis pacientes, pues hasta ahora no se ha creado el aparato que sustituya lo que esta relación humana necesita para un buen desarrollo del proceso psicoterapéutico.

Una buena alternativa… en ocasiones

Sin embargo esta condición no es universal. En otros oficios algunas personas han encontrado en el teletrabajo la mejor alternativa para desarrollar su labor y han abierto puertas gigantes para seguir evolucionado laboralmente. Otras han vivido un verdadero calvario y sólo esperan volver a los viejos tiempos con la esperanza de superar este traspié mundial.

Hay quienes aseguran sentirse mucho más productivos trabajando en casa, al poder prescindir de distracciones innecesarias, como por ejemplo los cotilleos de la oficina, las relaciones tóxicas o la pérdida de tiempo en asuntos que no tienen nada que ver con el trabajo.

Otras personas han descubierto dentro de sí a un/a gran emprendedor/a capaz de sacarse las castañas del fuego y de resolver hasta lo más complicado sin necesidad de tener al jefe encima.

Y además, en algunas ocasiones también han brotado aquellos conflictos no resueltos, esos de los que nadie se atrevía a hablar en directo y que ahora con el escudo de la distancia no parecen tan difíciles de expresar.

En el aspecto más práctico, algunos/as han recuperado la paz trabajando desde casa, por no tener que ir corriendo a todas horas entre atascos, semáforos y ruidos agotadores. 

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Decenas de personas también han encontrado aquí una inspiración para conocer la Psicoterapia Caracteroanalítica y es un placer atenderles directamente en mi consulta en Denia

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Mientras construimos nuestra historia, definimos también los valores que nos guían. Creemos en algo, defendemos una forma de vida, nos rebelamos para andar otros caminos o intentamos seguir al pie de la letra lo que se nos ha enseñado.

No siempre pasamos por el filtro de la reflexión lo que suponemos que debería ser. Si hacemos memoria, nos daremos cuenta enseguida de que lo que ayer era correcto hoy puede resultar equivocado y al contrario.

Sin embargo, por más esfuerzos que hagamos por cambiar queda siempre algo de lo antiguo, vestigios de creencias, normas y valores en los que ya no se cree pero que se actualizan generación tras generación y año tras año en un sistema social que se hace llamar «moderno» mientras se sigue mostrando poco dispuesto a las transformaciones más profundas.

Un sistema social que atraviesa lo privado, que se mete en la casa, en la mesa, en la cama mientras se ríe o se sufre, se trabaja, se sobrevive, se paga por la vida, se hace lo que se puede… Hay quienes piensan, tristemente, que no pueden influir en el mundo en el que viven.

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Gente ilusionada con la vida, contenta, triste, en duelo, confundida o sola. Gente que evoluciona, que construye un proyecto, que no se resigna. Gente que busca su lugar, que atraviesa una crisis, que busca un equilibrio… gente que tiene algo que contar y que desea convivir con los demás

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Dicen que hay que pasar estos días como si nada extraordinario sucediera. Imaginar una realidad menos absurda, leer la montaña de libros apilados, escribir un cuento, lograr algún invento