
En el Bloqueo Emocional la sensación es de atasco, de tener una serie de sentimientos y emociones que no saben por donde salir, pues las vías de expresión están obturadas, tanto, que en algún momento ni se contemplan ya, quedándose dormidas mientras el cuerpo va perdiendo su elasticidad natural. Así es como uno se acostumbra a vivir desligado de afectos y sucesos, ignorante ante las oportunidades de contacto real con uno mismo y con los demás.
Pero nuestros modelos de buena conducta no ayudan mucho: «Hay que saber dominarse», «no se puede demostrar el miedo por ahí», «hay que mostrarse ante los demás con la frente bien alta», «no hay que dejarse llevar», «hay que tener paciencia y valor», «no hay que llorar sino animarse y sonreir». O sea… hay que callar y aguantar!!.
Posiblemente, algunas de estas actitudes estarían muy bien si nacieran del equilibrio y, en ese caso, ni siquiera sería necesario aconsejarlas. Simplemente saldrían de manera natural, y harían parte de la vida personal y social sin necesidad de tanto control. Pero cuando se es niño/a no hay posibilidad de elección, por lo tanto, ante esas indicaciones de «buen» comportamiento, el rechazo es rápidamente sustituido por una resignada aceptación.
Hasta ahí todos contentos excepto, claro está, el/la propio/a interesado/a. Porque lo que no se toma en cuenta, aún hoy día, es que estas amonestaciones «siempre perjudican la fibra del niño, quebrantan su espíritu, destruyen su vida interior, convirtiéndolo en un monigote bien educado«, en palabras de Wilhelm Reich.





