
El estrés, los problemas en la familia, el desempleo, las interminables trabas para regularizar la situación legal cuando se es inmigrante, los cambios de casa, las relaciones afectivas con sus ires y venires, etc., pueden contribuir a que el equilibrio emocional se vea afectado.
Pero las personas emocionalmente sanas desarrollan maneras de hacerle frente a las dificultades cuando tienen la capacidad de expresarse, pedir ayuda y plantearse los cambios que exija el momento particular.
Dentro de las situaciones cotidianas que hay que afrontar, la salud emocional suele quedar entre los últimos lugares de atención. Esto tiene unas consecuencias negativas en la salud, tanto física como psicológica que, a su vez, dificultan los procesos de integración.





