
Si uno es, por ejemplo, inmigrante, si ha perdido el trabajo y no aparecen oportunidades, si uno está viviendo una dolorosa pérdida o si está en una crisis existencial profunda, lejos de la familia y sin una red social que le compense, puede que le atraiga ese mensaje de salvación que proclaman estos grupos.
Porque la angustia que se siente, muchas veces insoportable, parece verse apaciguada cuando alguien le ofrece a uno la solución, claro está, si sigue ciertos pasos necesarios para merecerlo.
Los movimientos religiosos con características sectarias son expertos en el conocimiento de las carencias humanas y ofrecen precisamente eso que la gente necesita: cercanía, calidez, amparo.
En ocasiones, suele ser la persona la que se acerca a buscar ayuda, ya sea porque un amigo se lo ha sugerido, o porque accede por ese medio a una bolsa de trabajo, o a cualquier otro beneficio.
Y desde el primer momento, se inicia un proceso de acompañamiento y búsqueda de soluciones a sus problemas, espirituales o materiales. Lo importante es que se sienta «de la familia».
Aparentemente, las personas son libres de decidir si quieren o no formar parte de la comunidad y nunca se les pide directamente que abandonen sus costumbres y relaciones anteriores con otros grupos. Sin embargo, estos movimientos suelen utilizar estrategias que enganchan necesariamente, como realizar obras sociales, entregar alimentos y ropa u organizar actividades que alivian la soledad. Todo suena muy bien hasta que nos preguntamos… ¿Y de qué viven? …






