
No tiene nada que ver con la naturaleza humana y en cambio sí está íntimamente relacionada con la imposición de adaptarse, aún a lo indignante. Recuperar la capacidad de vivir la vida plenamente, es la mejor manera de prevenir la enfermedad de nuestros tiempos.
¿Y yo qué puedo hacer? Es una de las preguntas más frecuentes de alguien dispuesto a resignarse. Dice un conocido bolero: «Que voy hacer, si ya te vas, sólo tener resignación, resignación para poder vivir sin ti. Si un nuevo amor mató a mi amor, si me has dejado de querer, ¿qué puedo hacer? Sólo tener resignación».
Este tipo de mensajes hace de la resignación una actitud casi digna de alabar, para incluir en la lista de logros en sacrificio. Pero si lo que motiva es la vida, habrá que revisar seriamente esta opción, pues está claramente demostrado que por aquí no se llega a la tranquilidad, sino más bien a una muerte en vida, progresiva y contradictoria con la naturaleza humana.
De acuerdo. Cada día las cosas se ponen más difíciles. El trabajo no abunda, las relaciones afectivas son un desastre, el dinero no llega, el ecosistema está desequilibrado. Son tantas las dificultades, que a pesar de intentarlo una vez y todas las demás, parece que la única alternativa posible es tirar la toalla y sentarse a ver cómo se va la vida sin disfrutarla.







