
Hace no mucho tiempo, para figurar, manipular, llamar la atención o agredir a alguien bastaba con contarle al vecino una historia falsa. El vecino se la contaba al amigo, el amigo a la prima, la prima al novio y así, lo que empezaba siendo un falso rumor, se convertía en una verdad que ponía en la palestra pública a alguna persona en cuestión. Para eso sólo hacía falta un poco de imaginación y algo de tiempo.
Ahora prácticamente no hace falta ni una cosa ni la otra. Basta con escribir lo que sea en una red social, poner alguna foto impresionante y en cuestión de minutos el rumor está corriendo por todo el planeta.
Se puede hacer con muchas caras. Desde una pose de víctima ofendida, hasta un supuesto talante “informativo”. Da igual, porque en las redes sociales los rumores se esparcen como la pólvora y como no se usa confirmar o desmentir la veracidad de lo que aparece en internet, basta con hacer “click “ en el primer emoticon que atraiga, como para estar ahí animando el día, como para hacer parte de la noticia. Si es falsa o verdadera… ¿acaso importa?






