
Algo pasa. No nos entendemos como antes. Cuando hablo no me escucha. Cuando quiero saber qué piensa o siente, no salen las palabras de su boca. Ni siquiera sus silencios, que antes yo podía descifrar. Ahora simplemente evita, huye, se esfuerza por mantener esta distancia envenenada.
Palabras más, palabras menos, es lo que se puede sentir cuando en la pareja existen dificultades de comunicación. Hay otras formas, muchas más, incluso veladas bajo códigos sociales destinados a neutralizar las respuestas como son, por ejemplo, las sonrisas forzadas “como para que no digan” que uno está enfadado. Y también está el exceso de comunicación, ese parloteo que, si tiene algún sentido, será el de no hablar de lo importante.



