
Es lunes. Cuando aún faltan algunas horas para acabar de calentar motores, llega el jefe con una pesada caja de carpetas para revisar «ahora!», aumentando así la colección de «pendientes urgentes» encima de su mesa. El empleado le dice cabizbajo: «Hoy no puedo, es imposible». El jefe se limita a decir: «A-HO-RA!», repitiendo como un robot lo mismo que ha dicho al principio.
Es martes. Aparece la apenas conocida que se acuerda de él solo en estos días, cuando hay que pedir un préstamo para pagar sus deudas. Promete, otra vez, que no se olvidará de abonar la cantidad lo antes posible, lo cual nunca sucede. Esta vez, con el rostro sonrojado y la voz temblorosa él le dice: «No, esta vez no», a lo que ella responde: «Ahh, yo sí creo que puedo contar contigo, seguro que me ayudarás».





