Por temporadas y a veces de manera crónica, el pesimismo es una de las reacciones a los muchos obstáculos que se presentan en la vida actual. La falta de trabajo y de dinero, la soledad, el poco o nulo reconocimiento por los esfuerzos, los ambientes de celos, de envidias, de competencias, la perplejidad ante los cambios que se imponen en las relaciones de pareja, la impotencia de no saber a quien creer, la decepción al sentirse traicionado, burlado, estafado una y otra vez. Pero, aún con todo… La tendencia es a la Vida.
Se diría que no queda nada por hacer y el lamento, tan justificado, llena los espacios dejando sin salida valiosos intentos por escapar del derrotismo. De vez en cuando aparecen estrategias para acabar con la apatía y, sobre todo, con el miedo que resulta de tanta presión aplastante de los ánimos. Así, esforzarse por pensar en positivo, cerrar los ojos ante las evidencias, imaginar y llegar a crear a un supuesto salvador, asumir actitudes de sometimiento o de omnipotencia, pueden aliviar la angustia momentáneamente, pero hasta ahora, que se sepa, esto no han cortado un problema de raíz.
La buena noticia es que, al parecer, los recursos que se necesitan para salir de una situación de opresión vital están esperando dentro de cada uno para ser utilizados.
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