
He sido invitada como ponente al XIV SEMINARIO DE MIGRACIÓN: La Antropología del Duelo Migrante, organizado por la Universidad Católica del Norte – Chile.

He sido invitada como ponente al XIV SEMINARIO DE MIGRACIÓN: La Antropología del Duelo Migrante, organizado por la Universidad Católica del Norte – Chile.

Escribir HABLAMOS DE PERSONAS. Fragmentos de una vida migratoria, ha supuesto una experiencia imposible de imaginar antes de su llegada. En 167 páginas, comparto algunos de los momentos que considero trascendentales, no solo para mí y mis memorias personales, sino también para otras personas interesadas en el tema de la inmigración, sean cuales sean sus motivaciones.
Todo empezó una mañana, cuando me desperté con un sobresalto por la consciencia de los años transcurridos, y me di cuenta de que muy pronto cumpliría la mitad del tiempo de mi vida vivida en mi país de origen, Colombia, y la otra mitad en mi país de inmigración, España.
Entonces, como de costumbre, me puse a escribir. Y letra tras letra vinieron a mí recuerdos, imágenes, momentos horribles, tiempos preciosos. Y todo esto empezó a tomar la forma de un libro en mi imaginación. Al principio pensé que sería fácil, porque escribir historias es uno de mis juegos favoritos. Para explicar y, sobre todo, para entenderme a mí misma en esta nueva aventura, expresé en las primeras páginas:

Uno de los libros más entrañables que he leído este verano es Crecer libres, vivir felices. Se trata de un recorrido por la experiencia de 30 años del espacio de educación libre Donyets, por parte de Inma Serrano Hortelano, cofundadora y directora, con la participación de personas que han crecido en esta escuela, contando testimonios sobre su paso por allí.
30 años…¡Se dice pronto! Recuerdo mis tiempos de colaboración en Donyets como educadora, allá por el 2003. Ahora, cuando leo las voces de aquellos niños y niñas, hoy adultos, viajo hacia esos momentos inolvidables, cuando les acompañábamos en sus procesos de desarrollo, respetando sus ritmos, cuidando de sus ilusiones, asombrándonos ante su capacidad para coger lo que necesitaban del mundo que se abría ante sus ojos llenos de curiosidad.
El libro empieza con un prólogo de Zoë Neill, hija de A.S. Neill y actual directora de la Escuela Summerhill. Después de una breve introducción por parte de Inma Serrano, continúa con la narración de diversas experiencias que nos regalan Jorge, Dani, Alicia, Mar, Sofía, Isis, Edén, Kike, Sara, Garí, Luz, Naiara, Marina, Izan y Pauet. De algunos/as me acuerdo como si fuera ayer, con otros y otras no tuve el placer de compartir, pero, indistintamente, en todas las historias plasmadas en el libro, se refleja el espíritu de Donyets tal como yo lo recuerdo y como lo disfruté en los dos años que tuve la oportunidad de hacer parte de su cotidianidad.

Llegó el verano y, con él, la ropa ligera, los pies descalzos, las bebidas refrescantes, la pausa… para algunas y algunos, claro está, porque para otros supone un tiempo de actividad frenética. De todas maneras es un tiempo muy valioso para ventilar los ánimos y ponernos al día en unas cuantas decisiones por tomar, así como en el ajuste de nuestros proyectos más queridos.
Hoy comparto una selección de 10 artículos publicados en este blog, elegidos para este tiempo, esperando que aporten a la reflexión mientras nos animamos a soltar lo que se ha ido y a recibir lo que pronto llegará.

¿Cómo nos sentimos cuando no nos siguen en las redes?… A medida que se transforman las sociedades, también cambia nuestra manera de estar en el mundo y las formas de expresar nuestros deseos, preocupaciones y sensaciones. Hace unas décadas nos sentíamos genial, bien, regular o fatal, según las experiencias en nuestras relaciones, generalmente presenciales, y ese sentir estaba matizado de nuestros rasgos de carácter.
Hoy día nos seguimos sintiendo genial, bien, regular o fatal, pero algo se ha añadido a nuestras experiencias, y se trata de un escenario ya no necesariamente presencial. Me refiero al espacio online donde una nube nos sirve de “suelo” para relacionarnos, ya sea en el ámbito personal como en el laboral. Lo bueno: la apertura al mundo, más allá de las fronteras físicas. Lo preocupante: un incremento de percepciones basadas en el imaginario, que permanecen invisibles y muchas veces inconscientes. Y claro está, aquí también el carácter, es decir, la manera como afrontamos la vida, está presente.
En los espacios de socialización —cada vez menos frecuentes—, y también en las consultas de psicoterapia, las transformaciones sociales se ven con nitidez. El tema de la comunicación online aparece con bastante frecuencia en los relatos, y las inquietudes acerca de participar o de perderse de algo, de ser o no ser vistos en las redes generan todo tipo de sensaciones, desde las más lógicas hasta las más surrealistas.

Imagina que tienes mil euros disponibles. Te vas de viaje y te gastas dos mil. No tienes más remedio que echar mano de un crédito pagando altos intereses, con lo cual la experiencia del viaje se convierte, a la vuelta, en una deuda que seguramente ensombrecerá la visión de las bonitas fotos que tomaste.
Imagina ahora que tienes diez mil, pero no los puedes usar con libertad cuando te falta liquidez, porque están retenidos en un plan de ahorro, de esos que te obligan a cumplir los requisitos de no sacar ese dinero en caso necesario.
Imagina que has reservado una cantidad para imprevistos, pero cuentas con otra para pagar tus facturas y además para disfrutar de lo que tu capacidad financiera te permite, sin pasarte pero sin privarte de nada importante.
De estas tres posibilidades, ¿cuál te resulta más placentera? No tengo ni idea de finanzas, más allá de las que, por sentido común, la economía doméstica me exige. Pero no creo que haya que especializarse en economía para deducir que, si gastamos más de lo que tenemos, o si no podemos acceder a nuestro capital por tenerlo estancado, eso de “disfrutar” se convierte en un imposible más.

Parecía un terremoto. No había tiempo para detenerse y mucho menos para sentir. Toda la atención, toda la energía estaba invertida en caminar, escalar, seguir. La vida consistía en atravesar el túnel hasta que la rueda girara de nuevo y permitiera ver alguna luz.
Nos suele pasar cuando experimentamos acontecimientos excepcionales, de esos que nos ofrece la vida de vez en cuando, los que rompen cualquier intento de estabilidad, que cambian la rutina y con frecuencia nos dejan exhaustos. Son eventos devastadores muchas veces, pero no siempre, porque también pueden ser muy apreciados, aunque igualmente desequilibrantes.
Un proyecto de trabajo que nos ocupa al 100%, una temporada viajando por lugares nuevos, los preparativos para una celebración importante, los primeros tiempos de la inmigración, la construcción o la reforma de una casa, el acompañamiento a un ser querido en la enfermedad, el tiempo dedicado a los hijos en un momento de cambio, la gestión de un divorcio, los ajustes en la cotidianidad después de la jubilación… y muchas otras experiencias que la vida nos regala.
Y después de la tormenta de transformaciones, quehaceres y emociones… ¿qué nos queda? Generalmente un vacío, temas que se quedaron pendientes de resolver, una vida para recomponer, tiempo para ocupar en no se sabe qué, otros roles o incluso, a veces, una nueva identidad. Es común que después de tiempos excepcionales lleguen sentimientos desconcertantes, incluso estados depresivos al no saber cómo encajar lo que se ha transformado con el tiempo.