Y sigue la rueda girando, y aquí nos volvemos a encontrar. Entre aciertos y contradicciones nos plantamos en el nuevo año con algo más de experiencia, aún cuando la incertidumbre nos descubra sacando lo mejor y lo peor de nuestra especie, dejando plasmada nuestra vulnerabilidad como huella imborrable en nuestras historias personales.
Nos seguiremos viendo, nos leeremos. Seguiremos confiando en la vida aunque de vez en cuando perdamos el camino. Aprenderemos tal vez a dejar para mañana, sin culpas y sin miedos, lo que no nos dio tiempo de hacer hoy. Nos arriesgaremos a irnos a la cama sin poner punto final en nuestra agenda, sin llegar a una meta programada, sin mirar los mensajes en el móvil o las últimas novedades en las redes.
Contagiémonos de la ilusión por una vida en movimiento. Inspirémonos en la emoción de conectar cuerpo y pensamiento, motivémonos a descubrir la magia de sentirnos, escucharnos, crear, jugar, apasionarnos
Corrían malos tiempos. El futuro consistía en un puzzle difícil de armar, lleno abismos e incertidumbres. Era un momento de esos en que uno no sabe para donde tirar, hasta que al fin se da cuenta de que lo mejor era tomar contacto y esperar.
Pero mi ansiedad cayó en la trampa cuando me picó la curiosidad, gracias a la propuesta de una bien intencionada amiga que escuchó algo sobre un vidente alucinante (nunca mejor dicho) que estaba exactamente en la otra punta de la ciudad y a quien se podía acceder pagando por adelantado una cantidad nada insignificante.
Allá llegué. En cuanto este personaje me vio, parecía que la claridad hubiera llegado a su consciencia. Pero no porque yo viera emanar sobre él alguna luz del más allá sino por los gestos exagerados de su rostro, lo cual ya me hizo sospechar de mi esforzada y fallida inversión. Aún así él lo tuvo muy claro desde el primer instante y entre otras maravillas me “iluminó” diciendo:
“Por la situación de violencia en su país usted no ha podido estudiar y por eso tiene una cultura media-baja, lo cual le hace sentir frustrada e insatisfecha”
Pues no, no acertó ni una, ni de lo que cuento aquí ni de lo que no cuento porque no viene al caso. Salí de ese lugar, tan oscuro como mis respuestas, pero la aventura nos sirvió a mi amiga y a mi para echar unas cuantas risas al calor de un par de copas de vino.
Y hablamos de cómo esa persona estaba llena de prejuicios. En cuanto me vio el aspecto de inmigrante supo exactamente lo que tenía que decir. Su ceguera ante mi realidad no le permitió ver nada más allá de lo que él mismo imaginaba. En ningún momento me preguntó nada de nada pero… ¿cómo podría querer saber algo de quien no existía ante su mirada?
También decidimos nunca más preguntar sobre el futuro y recordar que no sabríamos qué pasaría mañana pero sí podríamos investigar qué pasó ayer y qué sucede hoy. Esto me dio una gran confianza en mi porvenir.
Me pregunto cuántas veces en un día expresamos nuestros deseos. Ojalá… suceda algo, me llame alguien, consiga esto… en la expectativa de obtener lo que creemos que nos dará bienestar, alegría, libertad, paz.
En general percibimos este estado maravilloso fuera de nosotros, en forma de objeto o de experiencia y más de una vez implica la presencia (o ausencia) de otra persona, que además tendrá sus propios deseos y expectativas.
Yo no le veo nada de malo a desear. Me parece que da color a la vida y que motiva a seguir andando los caminos. No estoy peleada con la esperanza ni con la alegría de unas cuantas fantasías.
Pero también creo que todo depende… Depende de lo que deseamos, de nuestros motivos y también de la forma de desear. Porque no basta solo con querer algo para tenerlo, porque las cosas no se dan solo porque lo merecemos o porque somos quienes somos. Porque no tenemos una lámpara de Aladino esperando a ser frotada… porque tampoco hay que tenerla.
Cada día viene con una nueva oportunidad para conocernos, para comprender cómo y por qué funcionamos como lo hacemos, para responder a esa recurrente pregunta de por qué somos como somos.
Aceptar esta oportunidad o por el contrario ignorarla, es una cuestión muy personal y nadie está obligado a verse si no puede, si no quiere o si siente que aún no es su momento.
Creo que en general, todos y todas hacemos lo que mejor podemos y uno de los más grandes errores consiste en pretender forzar la máquina para ser o hacer algo supuestamente “más” o “mejor” de lo que es, pues esa es la manera más certera de equivocarse, de caer en la trampa creyendo que la forma y las respuestas están afuera, o que simplemente uno no tiene remedio y le tocó el personaje más desafortunado de la historia.
En todo caso, lo que más pesa es el sufrimiento que acompaña a la insatisfacción personal y lo que más cansa es tener que hacer uso de cantidad de defensas para mantenerse en pie, afrontando una realidad que no parece tener compasión con la parte vulnerable de nuestro ser.
Aquí tendrás la oportunidad de contar quién eres, qué te ilusiona, qué te preocupa. Es un espacio de expresión y escucha, donde no se juzga a nadie, donde lo que digas es tomado en cuenta con respeto
Si no fuera por ti, este juego sería tan solitario que no valdría ni para pasar el rato. Nació para vivir y seguirá viviendo siempre que estés tú para apreciarlo
¿Todavía vas al psicólogo? … Llega la pregunta acompañada con un gesto de reprobación y añade: Pero si tengo una amiga que fue a 3 sesiones y quedó como nueva!… ¿Es que tienes muchos traumas?
Son las cosas que hay que oír, cuando uno se mete a hacer Psicoterapia y las compañías carecen de una básica información sobre lo que supone.
Poco efecto suele tener cualquier explicación. Después de unos cuantos intentos frustrados, hay quienes prefieren mantener en la intimidad algo que les gustaría decir a los cuatro vientos porque en realidad, hasta ahora nadie prohibe el derecho, cuando no la más pura necesidad de verse a sí mismo y mejorarse también a nivel de salud mental.
Como sabemos —y si no lo sabemos podemos informarnos— una persona que accede a cualquier atención psicológica o proceso psicoterapéutico tiene toda la libertad de contar o no contar lo que sucede en sus sesiones. Todo lo contrario del psicólogo o el psicoterapeuta que está obligado a respetar el compromiso de confidencialidad, es decir que no puede contar a nadie lo que sucede ahí dentro.
Pero ¿Por qué hablo de atención psicológica y de proceso psicoterapéutico? ¿Acaso no son lo mismo? ¿No será otro enredo de los psicólogos para tenerlo a uno enganchado por toda la eternidad?
Pues no. Y puede que ahí resida al menos una parte de la confusión. Existe la idea de que si uno va al psicólogo es porque tiene un problema y el psicólogo le aconseja, le dice cómo tiene que solucionarlo, entonces uno se va y lo soluciona. Eso cuando no se puede solventar el problema en casa, a punta de fuerza de voluntad y algún que otro podcast de autoayuda.
Aunque no nos guste, el tema es más complejo. Y es importante saberlo aunque sea por cultura general.
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