Cuando hace años imaginé el proyecto de una web para conectar con el mundo más allá de las fronteras, pasé varios meses definiendo los criterios que la sustentarían: ¿dentro de la ética en la que me baso para llevar mi camino personal y profesional, cómo garantizar también una ética en la red?
Mi entusiasmo se estrellaba a menudo con el temor de caer precisamente en lo que más cuestiono y es que lo virtual solapara la esencia de los contenidos, convirtiéndose en un espacio más de palabras vacías o confusas, si no de basto comercio a propósito de cuestiones tan delicadas como la necesidad de ayuda o el sufrimiento humano.
Como saben los lectores y lectoras que me acompañan desde el año 2012 en esta travesía, decidí entrar en el mundo online aportando escritos de clima cálido y aspecto simple, pero soportados por un fondo teórico y práctico muy complejo.
Así que desde sus comienzos hasta ahora, a este proyecto constantemente le acompaña una pregunta:
¿Cómo estar presente en el mundo online sin por eso traicionar la propia identidad?
Cada vez que encuentro la respuesta y me siento satisfecha, hago clic y publico una entrada en el blog o la comparto en redes.
Ética en la Red
Además de contenidos y formas, de ganas de comunicar e ilusión por compartir, como sabemos hay todo un universo paralelo lleno de otras lógicas que así como nos ha permitido acercarnos sin importar distancias, si nos descuidamos puede tener también un lado oscuro.
Si uno crea una web y tiene un blog o le gusta leer, comentar y compartir lo que publican otros en las redes, uno tiene que entrar en ese mundo tecnológico y colocarse allí de alguna manera, porque la forma como nos relacionamos en la red es un reflejo de nuestra realidad, traducido en lo virtual.
En los años que llevo inmersa en este mundo, me ha sorprendido muchas veces cómo en lo virtual parecen darse demasiadas concesiones a la falta de un respeto básico en la convivencia, y esto se ve tanto en conversaciones cotidianas de redes sociales como en estrategias empresariales muy pensadas.
Veamos algunos ejemplos, que seguramente para nadie serán desconocidos:
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