
Cumplimos años, celebramos nacimientos, bodas, enterramos a nuestros seres queridos, conmemoramos fechas que nos han hecho reír o sufrir. No hay mayor misterio en esto aunque, si cavamos un poco, algunos de estos eventos también traen historias dignas de ser elaboradas con cuidado.
Y cavando un poquito más, resulta que hay aniversarios de los que no somos conscientes, ya sea porque no recordamos la experiencia o porque ni siquiera estuvimos presentes, y sin embargo resuenan en algún lugar de nuestro interior.
Porque el cuerpo sí recuerda
En el contacto con las sensaciones podemos encontrar nuestra memoria más fiel, porque el cuerpo sí recuerda. El inconsciente guarda las memorias que nosotros reprimimos y las saca del cajón para mostrárnoslas cuando vivimos algo parecido, algo que le resuena.
Pero no nos muestra las memorias como si fueran un video o un álbum de fotos. Sería genial pero no funciona así. Lo hace por otros medios como los sueños, que son uno de sus lenguajes preferidos. O también usando el cuerpo como vehículo de comunicación, como una llamada de atención para que le hagamos caso.
Entonces nos da señales de las que sí somos conscientes, aunque en ocasiones pretendamos ignorarlas también. Esas señales son nuestros síntomas, como la ansiedad, algunos estados depresivos o enfermedades psicosomáticas, por ejemplo.




